|
Auguste RodinRAINER MARIA RILKE |
|||||
| París, Rodin y un encargo se le antojan a Rilke las soluciones en una época llena de dificultades económicas y personales. El estímulo de Rodin –«Hay que trabajar y sólo trabajar»– y un puesto como secretario con alojamiento en su casa de Meudon traducirán el conflicto interior del poeta en una divisa que hará fortuna en su obra: transformar la angustia en «cosas» de arte. Libro-himno, pues, al Viejo soberano. Tributo de admiración hacia la figura y la obra del escultor, pero también oportunidad para incorporar la disciplina, el oficio y el trabajo a su propio quehacer poético. Su poesía de «porcelana» había de transformarse en «mármol», dijo Musil. Y serán la contemplación paciente de las cosas y el rigor de observación del maestro los que propicien con esta obra el inicio de la etapa media del poeta, la del «decir objetivo» y el «poema-cosa» de los Nuevos poemas. Postfacio, cronologías y bibliografía de Jorge Seca |
Rilke no es un encargo, no es la muestra de nuestro tiempo, es su contrapeso. Guerras, matanzas, carne lacerada en combates… y Rilke. Gracias a Rilke nuestro tiempo le será perdonado al mundo. Marina Tsvietáieva Rilke se convirtió en el deseado modelo del intelectual y del artista que no se sustrae al sufrimiento, sino que conquista a través de él su fe, su posibilidad de vivir, su victoria. Hermann Hesse Absolutamente imprescindible. Jaime Siles, ABC Reseña 5/12/09 |
|||||

© Editorial Nortesur, S.L.U. - 2008